Entrevista con Tony Gatlif

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¿Qué te motivó a rodar esta película? La lectura del libro de Hessel ¡Indignaos!, el speech de Nicolas Sakorzy en Grenoble, la crisis económica?

Todo comenzó a finales de julio de 2010, con el discurso de Sarkozy en Grenoble, que fue repetido por algunos ministros gubernamentales. Fue entonces cuando el gobierno estigmatizó a la comunidad rumana. Yo me sentí avergonzado, avergonzado por ellos. Me llené de ira incluso cuando estaba explicando porqué yo consideraba que los gitanos habían sufrido suficiente. La reacción se extendió. Por lo menos, diez movilizaciones tuvieron lugar a lo largo del país. Campamentos ardieron, se arrojaron cócteles Molotov dentro de las caravanas. En París un hombre murió presa de las llamas. Los gitanos fueron forzosamente desahuciados. Algunos acamparon en la Plaza de la Bastilla. No tenía ni idea de cómo reaccionar, ninguna otra opción salvo la de hacer una película.

“Indignados” cuenta la historia de una joven africana que viaja a Europa para buscar trabajo y ganarse la vida. Ella representa a todos aquellos que sueñan con una Europa hospitalaria, que les dará la bienvenida…

Cuando leí “¡Indignaos!”, sentí lo mismo que Stéphane Hessel, la necesidad de una “insurrección pacífica” como él la llama. Estructurar la película alrededor de esta joven africana me pareció importante. Yo tenía que adoptar la perspectiva de una inmigrante ilegal, que ejemplifica todo lo indeseable de Europa. Llegando desde el mar, como un fantasma, esta africana se convierte para mí en el símbolo de los rechazados, de todos aquellos a los que Europa no quiere, los trabajadores indocumentados, la gente que soñó con Europa pensando que les protegería.

La película está dedicada a Jean-Paul Dollé, que escribió “Désir de Révolution” y murió en febrero de 2011, ¿Por qué?

Jean-Paul Dollé fue un urbanista y un filósofo. Escribió el libro “Le Territoire su rien”, un libro muy importante. Tuvimos largas charlas sobre el destino de las comunidades gitanas, sobre política y sobre el estado del mundo. El me dijo: Cuando tu atacas frontalmente, tú pierdes. El futuro pertenece a la no-violencia. Jean-Paul y Stéphane Hessel hablaban de las mismas cosas –economía, bancos, sistema, crisis- antes de que comenzase el movimiento de los Indignados.

Jean-Paul y yo nos vimos dos vece en una semana. El me ayudó a escribir un guión sobre los movimientos underground de los que yo tenía referencias, cientos de jóvenes que organizaban reuniones improvisadas a través de internet. En tan solo una noche crearon un campamento al que llamaron “campamento climático”. Vinieron de todo el mundo a Europa para poner en cuestión el estado del planeta, el cambio climático, la ecología y la economía. Cuando Jean-Paul murió, me quedé solo con el proyecto. Dejé a un lado la película y centré todo mi interés en el libro de Stéphane Hessel. Stéphane Hessel, Sylvie Crossman y Jean Pierre Barou accedieron a darme los derechos del film. Cuando el movimiento de los Indignados empezó en España, me fui derecho allí con mi cámara y me convertí en el equipo de la película a estos jóvenes por los que sentía respeto y admiración. Había pasado un año muy duro. Cuando vi a miles de jóvenes en Madrid en pie para decir no a la sociedad, no a la injusticia, sentí una nueva esperanza y, en unos pocos días, recuperé un viejo guión acerca de una joven inmigrante ilegal de África. Indignados es como la secuela del libro de Stéphane Hessel.

¿Por qué filmas a la gente en primer plano, a menudo desde detrás?

Para evitar ser intrusivo o explotar su imagen de forma gratuita. Solo filmé las caras de la gente si ellos querían dirigirse a cámara. Les pedí que miraran hacia ella en silencio porque su mirada es muy poderosa. De forma similar, me pareció que no tenía sentido filmar las caras de los oficiales de policía en Francia y Grecia, excepto las de aquellos que custodiaban el edificio del parlamento en Atenas porque siempre son fotografiados por los turistas. Aparte de la gente de la muchedumbre, nunca filmé la cara de nadie que no me diera su permiso.

Pedí a los Indignados, en España y Grecia si podía filmarlos y quedarme con ellos porque no tenía intención de filmarles con un teleobjetivo. Nadie accedió al principio porque las cámaras no eran bienvenidas. Les di el nombre de Stéphane Hessel y el mío y, después de que chequearon quiénes éramos en internet, nos dieron acreditaciones de acceso para todo el equipo técnico. En Francia, no quise filmar a la gente que dormía en la calle, los llamados ‘sin hogar’, así que filmé sus camas para mostrar cuántos colchones desechados y vacíos ocupan los paseos de París. La situación me da escalofríos por la espina dorsal cada vez que pienso en esa gente durmiendo fuera bajo la lluvia en pleno invierno. In Patras, Grecia, asustaba ver cuánta gente proveniente de todo el mundo dormía en la calle. Les pedí que no se pusieran frente a la cámara y que abandonasen el plano porque muchos de ellos no habían contado a su familia su situación.

Formalmente, “Indignados” recuerda a películas de Godard y Chris Marker. Los términos “Slogan Film” y “Typographical Film” vienen a la mente durante su visionado.

Recurrir a la tipografía proviene del hecho de que es cómo trabajan los Indignados. Ellos se reúnen para expresar su desacuerdo con el sistema actual, que nos está arruinando incluso aunque su bancarrota no tenga nada que ver con nosotros. En la película, en lugar de escribir en los muros, nosotros escribimos en la pantalla con la cámara. Sin discursos ni entrevistas. Dialogamos a través de slogans.

¿No es el problema de la lucha de los Indignados la ausencia de una extensión política del movimiento?

Los Indignados no son políticos ni economistas. No son expertos en gestión de crisis. Ellos están ahí para ponerse en pie entre miles y decir que no. Para decir que rechazan un sistema corrupto e injusto. Eso ya significa un paso masivo. Las soluciones deben encontrarse en un sistema genuinamente democrático. Mi film es un tributo a los ultrajados. Los Indignados están todavía en los estadios tempranos de la evolución política de su acción. Ellos piensan que rechazan una sociedad que solo ayuda a aquellos que tienen dinero. Cuando estaba rodando, me sorprendió no encontrar portavoces del movimiento. Cada Indignado es un portavoz para todos ellos.

En la película, hay un plano magnífico de miles de naranjas rodando a lo largo de calles y escaleras…
Las escaleras pertenecen a Mohamed Bouazizi, el vendedor callejero de Sidi Bouzid que se prendió fuego el 17 de diciembre de 2010. El soñaba con comprar un camión recogedor para que no tuviera que empujar más su carro. Cuando el carro vuelca, la fruta se esparce por las calles. Nada puede parar esas naranjas, lo que representa el alma de un hombre que dijo: mirad, el hombre pobre no tiene derecho a vivir.

En recientes reportajes informativos siempre sale gente diciendo “Nosotros chillamos, pero nadie nos oye”. Dada la situación actual, ¿cómo explica que el movimiento de los Indignados no haya crecido en mayores proporciones en un país como Francia?

A mí me gusta filmar la realidad, ese extraño y precioso momento que es ahora, en un formato ficcionado. Indignados no es una película dramatizada, sino ficción a favor de la realidad. En Grecia, cuando filmo una bandera que dice Cámara y democracia no van juntas, es para demostrar que la persona que lo escribió estaba equivocada porque hay un montón de cámaras democráticas, a través de las cuales los cineastas graban sus puntos de vista. Es la cámara de la inmediación trabajando a favor de la visión de los cineastas no a favor del sensacionalismo.

¿Cómo intentaste utilizar la música en la película?

Quieres decir que, ¿qué papel tiene? La música tiene un papel muy importante. Habla, cruje, explota, gira y vuelve. Pedí a Delphine Mantoulet y Valentin Dahmani, los compositores que escribieran la música durante el montaje e incluso antes de que firmásemos la película, que pudiera reemplazar los sonidos ambiente que habitualmente se incluyen durante el montaje. Algunos planos, con sonido directo tenían su propia música, percusión e incluso melodía. Por ejemplo, una lata vacía en un calle se empezaba a mover con el viento y a rodar por una pendiente con un ritmo de percusión ternario. Les pedí que construyeran partiendo de este sonido una música sobre la soledad en escena basada en ese ritmo. La guitarra eléctrica, que use por la primera vez en uno de mis filmes, acentúa ese sentimiento. Allí donde las esperanzas disminuyan y el futuro de esos países parezca endeble, quería hacer el film luminoso a través de la energía de la música, los ojos y la expresión de Betty (la inmigrante ilegal) y de Isabel, la manifestante española, y a través de los Indignados y sus himnos de alegría y canciones protesta.

Franck Nowchl

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